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El trabajar con la familia

April 11, 2018

 

De niña veía a mi abuelo Delfos Ochoa Bernal como un héroe, muchos en mi familia lo veían con un carácter fuerte, mal genio, pero un hombre muy inteligente.  Yo adoraba a mi abuelo y tuve la dicha de compartir con el hasta el día antes de su muerte. 

 

Abuelo era un hombre alto de ojos verdes, calvo prácticamente, solo se dejaba el pelo un poco largo atrás por que a mi me encantaba los crespos que se le formaban.  Tengo hermosos recuerdos, como por ejemplo que de niña me iba con el al correo a buscar las cartas, pero antes y después del correo parábamos en varios supermercados, y siempre buscaba el pan en la panadería. 

 

 

 

 

Mi tío Delfito y mi papa Jorge tenían la costumbre siempre de hablar de los negocios con mi abuelo, a veces eran conversaciones normales, otras el recuerdo de un tono mas fuerte. Nunca me interesaron los negocios familiares, pues nos llevaban a mi hermano y hermanas, pero por ser niñas no nos dejaban estar mucho alrededor, solo mi hermano era el que estaba envuelto. Mi papa siempre enfatizaba que había que estudiar porque su experiencia al salir de Cuba, el inglés lo ayudo en los Estados Unidos y hasta en Puerto Rico para crecimiento de los negocios. Así que les decía a mis hermanos y a mi estudien porque lo único que Fidel Castro no me quito fue mis estudios esos los llevo yo conmigo siempre.

 

Yo me casé joven y me fui a vivir a la Florida, pero el destino estaba escrito y me toco regresar a Puerto Rico tras mi divorcio. Comencé a trabajar con mis hermanos en A. Ochoa Distributor, me acuerdo de que solo habíamos comenzado con alrededor de 10 productos, y una sola vendedora. No estaba muy convencida de quedarme en Puerto Rico y menos trabajar en algo que me había criado, pero no lo conocía de lleno.  Yo veía trabajar tanto a mi hermano Georgie, yo le dijo Yoyi… que decidí quedarme y poner mi granito de arena, así que comencé a trabajar en la oficina, y cuando hacia falta hasta en el almacén. Dentro de esto yo tenia que estar viajando cada 3 meses a Miami a corte para mi divorcio, pero siempre tuve el apoyo de mi familia, algo muy importante en ese momento. Lo menos que yo podía hacer era estar agradecida con mis padres y hermanos, así que me puse las pilas y me envolví en el trabajado sin importar a que hora terminaba. 

 

 

Ya teníamos otra vendedora y yo seguía en lo mío, pero siempre me a gustado bregar con la gente, así que cuando se me dio la oportunidad de irme a la calle como vendedora no lo pensé dos veces.  A la misma ves que iba aprendiendo sobre los productos, como funcionaban nuestros clientes, fui conociendo a Puerto Rico. Si, así como lo digo, ya que siempre de niña visitaba Mayagüez, Ponce, Juncos, Aibonito y San Juan, pero los demás pueblos casi no los conocía.

 

Lo único que había vendido en mi vida eran las galletitas de Girls Scout junto a mi hija Natyia, pero me di la tarea aprender y ser buena en lo que hago.  Tras transcurrir varios años he creado buenas amistades con mis clientes y hasta con clientes de mis clientes. Han confiado en mi y cuando necesitan un producto me piden que investigue a ver si vale la pena traerlo, para ellos venderlos.  

 

 

Nunca pensé que iba a decir esto, pero me encanta mi trabajo porque todos los días son distintos, ya que no se con que me voy a encontrar en cada cliente. Cada uno tiene su estilo, su forma de atender a uno, hasta las facilidades de sus negocios, algunos venden un producto mas que otro, y he visto como algunos han crecido y confían en uno.

 

Estoy muy agradecida con mis clientes por darme la oportunidad de servirles día a día. Además, el haber nacido en una familia tan trabajadora empezando por mis abuelos, padres, tíos, hermanos y primos y ahora hasta una sobrina. Me enorgullece decir que soy una Ochoa, aunque no me olvido de mi madre por eso uso el apellido Del Risco también. Ambos me enseñaron lo que es el trabajo pues crecí viéndolos trabajando y los sacrificios que hacían. 

 

El trabajar con la familia me da la oportunidad de compartir mas con ellos, ya que nos reunimos en la oficina para hablar del negocio y lo que con lleva. Así aprovechamos y almorzamos juntos, otras veces nos comunicamos mas por el chat, texto o teléfono. En fin, me dieron una gran oportunidad de descubrir que podía hacer algo en mi vida, relacionado al mundo en el que crecí y así cada día sentirme mas orgullosa de mi familia que llevan décadas en el negocio agrícola, en la distribución y manufactura de productos para la agricultura y mascotas. Contamos con nuestra propia línea ProVita, Ochoa y El Ganador.

 

Gracias a la familia y a los empleados de nuestra compañía que ya son parte de nuestra familia al igual que a mis clientes.

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